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Todo el mundo cuando le preguntas de primeras aconseja irse a Brighton a la playa. Sobre todo porque es lo que más cerca queda. Apenas 50 minutos en tren desde Londres, y podemos meter los pies en el agua salada.
Pero lo peor de esa playa es que es muy muy turística (y lo peor de las playas turísticas de estas tierras es que son horribles, con esa especie de salas de juegos cada 100m, fast food, “caballitos” pa los guajes…), y no hay arena, sino que son todo pequeñas piedras, de palabreja inglesa interesante, “pebbles”. De todos modos es visita obligada por aquello de los Who y Quadrophenia.
Así que curioseando un poco por internet vimos una votación reciente sobre las mejores playas de UK. En ella aparecía Bournemouth.
Tras checkear googlemaps, en el mapa podemos ver que esta relativamente “cerca” (o lejos, según se mire) de Londres. Un poco más de información, y tenemos un tren directo desde la estación de Waterloo, con la compañía SouthWest Trains.
Algo más de dos horas de viaje, y un precio “elevado”, unas 36 libras ida/vuelta (pero a estas alturas, nadie debería asustarse de los precios de los billetes de transporte). Lo bueno, si organizamos el viaje “bien” y vamos 4 personas, nos sale por la mitad. Esto es, 18 libras por barba para 4 personas. (Esto es válido para casi todas las compañías de trenes que llevan a las costas, lo llaman como “summer saving” o algo así)
Al montarnos en tren, para nuestro disgusto, empieza a llover, pero creo que nos daba exactamente igual. Al agua de cabeza. Por suerte, al llegar a Southampton, las nubes ya no estaban y el sol empezaba a brillar. Curioso porque tras dejar dicha zona se atraviesa el New Forest National Park, el cual es realmente interesante. Nada nuevo a mis ojos, pero la verdad que bastante diferente a todo lo que he visto por aquí.
Bueno, a la llegada a Bournemouth, un paseito de 1km (o quizás menos) bien señalizado nada más dejar la parada (Town Centre & Beaches) para llegar al mirador…

Pinta guai, arena de verdad, playa larga, huele a salitre… vale, lo tenemos todo. Nos ponemos a bajar, y probamos un ascensor-teleférico infernal que “evita” tener que andar 7 minutos de más. Por la coña, lo hacemos. Precios, 0.70 para bajar, 1.10 para subir.
Ya en la arena, me doy cuenta de que esta bastante más frío de lo que acostumbra mi cuerpo a sentir cuando piso la misma. No cabe duda, esto esta mucho más al norte de cualquier otra playa en la que he estado antes. Un virujo cojonudo, y la arena un poco húmeda, pero eso sí, olas y el mar ante los ojos.

Así que a las 11:30 de la mañana, primer baño. Un buen arranque por si aún estábamos dormidos, porque el agua estaría como a unos 13 grados. Corta de la que entras pero tras un rato, disfrutamos como críos. (Como siempre). El sol ya secó casi toda la arena así que es un buen momento para tirarse a tomar el sol. No nos duró mucho la alegría porque el aire hizo aparición otra vez, así que a la hora o así nos fuimos a comer algo a un pub que estaba a la orilla del paseo marítimo, Seafront en guiri.

Por dicho paseo nos tiramos a caminar hasta los Sandbanks de Poole Harbour, donde hay una estupenda zona para practicar windsurf, skysurf y algún que otro deporte relacionado. Parece perfecto porque no hay demasiada agua y hace mucho mucho viento. Esta parte se parecía a la que descubrí allá por el mes de Diciembre de la mano del amigo Guz, en Southend on Sea y Westcliff.

De vuelta para Bournemouth de nuevo a pillar el tren, el camino se nos hizo un pelín largo, más que nada porque a la ida siempre parece todo mucho más corto. Nos dimos cuenta que el paseo completo deben de ser unos 4,5 kms o un quizás más. Pero resultó mucho más que curioso ver como las casetas que anteriormente habíamos visto casi vacias, empezaban a llenarse por familias y pandillas de amiguetes para preparar las BBQ’s de marras. Son una especie de casetas que se deben de poder comprar o alquilar, donde la gente monta mini cocinas o despensas, para cambiarse de ropa o cocinar de forma improvisada. Algunos atrevidos intentar condensar en apenas 2 metros cuadrados un salón con sus sillas, periódicos, estanterías a modo de biblioteca y un botellero para el vino, que no falte.
Aunque lo más común es lo de siempre, la obsesión de las barbacoas. Alucinante como a esta gente le encanta toda la farandula del fuego y las brasas, pollo y pimientos, o mazorcas de maíz con mantequilla. Creo que más que la comida en sí es todo el ritual del evento, lo que se les hace tan atractivo.

En fin, que es una playa que merece la pena, incluso si uno ya conoce maravillas de otras costas, Bournemouth no deja indiferente. El fin de semana que viene se planea Brighton. Ver para comparar…

Currently playing in iTunes: The Lamb Lies Down On Broadway by Paul Gilbert
Este fin de semana, contra pronóstico y siendo bank holiday hoy lunes, está siendo bastante diferente a los anteriores y eso motiva mucho.
El sábado me reencontre con el amigo de siempre que está de vacaciones y como una moto porque se ha comprado una bicicleta nueva. Le puedo entender. Tras el desayuno oficial, hablamos de ir de acampada, o de ver algún sitio diferente… finalmente se nos hizo un poco tarde y ese día buscamos un sitio para alquilar una bicicleta y sumarme al pequeño tour de Londres que nos queríamos montar.
El resultado es que no es sencillo alquilar una bicicleta sino es en tiendas “especializadas”, y aunque hay algunas otras opciones (como las bicis callejeras de Gijón o Barna), las bicicletas son bastante “horrorosas” para usar durante todo el día.
Así que bueno, él con su bici y yo “a pata”, empezamos a tirar Holloway Rd. hacia arriba, hasta llegar a Highgate, donde bordeamos el club de golf y llegamos a Hampstead Lane. (se puede ver todo en este mapa) En la entrada más al norte del parque esta la Kenwood House…

Por esta parte quizás no sea tan “conocida” (que lo dudo), pero por la otra seguro que a más gente le va a sonar.

No soy muy aficionado al cine pero si que los exteriores me suenan de verlos en varias películas, la primera que me viene a la cabeza la pomposa y “cheesy” Nothing Hill.
Se puede visitar la casita por dentro, que por lo que he leído su manutención es realmente costosa, y se valen de los “picnic concerts” que en los jardines se organizan durante meses estivales para tal fin.
En google podemos pegarle un vistazo general a muy diferentes imagenes.
Tras eso nos movimos a Hampstead, perdiéndonos un poco por el medio del parque del que ya hicimos mención hace algún tiempo. Tras llegar a la zona, parada a un snack y sobre todo porque mis pies empezaban a flaquear tras la “carrerita”.
Lo mejor de ir con Nick (el amiguete de la bici) es que se sabe 1001 sitios donde tomarse una pinta, y como no este no podía ser otro caso. Callejeando por alrededores, se descubre una zona increíble. Me sigue pareciendo una de las más guapas de todo Londres con diferencia.

Esta era la esquina donde el pub estaba escondido.


Y esto era los que invadía la zona.
Finalmente, para rematar, bajamos por Rosslyn Hill y Haverstock Hill dirección Camden, donde puedo jurar que comí el peor “Teriyaki Chiken” de toda la historia. No quiero pensar lo que era pero pollo pollo lo que se dice pollo…
La guinness ayudó a bajarlo como buenamente pude, y ya, ahora andando y no al trote, por el canal volvimos a Angel y de ahí a casa, cansado como nunca pero con la felicidad tonta de haber pasado una tarde realmente buena.
Hoy, al carnaval.

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