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La primera vez que vi en directo a Neal fue hacia el año 2000 (tiene que hacer mucho cuando casi no me acuerdo del año!) en Barcelona con su grupo original, los geniales Spock’s Beard, abriendo por aquel entonces para la banda que me traía muy loco, Dream Theater.

Fue quizás por aquella época (dorada para el rock progresivo actual) cuando todos los miembros de los grupos conocidos estaban como locos, formando proyectos paralelos, y quizás también fue ése el momento en el que Mike Portnoy se alió con Neal para dejar un poco de lado la faceta mas dura (en el caso de Portnoy) y las mas progresiva (en el caso de Morse), para hacer algo más casi cercano al pop en algunos momentos que el propio rock. (A día de hoy, mantienen una banda de tributo a los Beatles, Yellow Matter Custard, y otra mas psicodélica/progresiva/rockera llamada Transatlantic)

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Neal Morse es un músico increíble. Tiene buena voz, toca lo que se le ponga por delante (le he escuchado algunos solos de guitarra -sin ser especialmente guitarrista- que tienen una garra increíble) y para colmo compone temas con una concepción de lo más variopinta, pero siempre sin renunciar a lo que la música significa para él (y para muchos, me incluyo), una verdadera pasión.

Ayer, previsto en la sala Koko de Camden pero movido a KCLSU (una especie de College, donde tienen nada menos que una señora sala de conciertos, ahí es nada), Neal venía con la banda que tan bien le había funcionado en la gira anterior (músicos nada conocidos, algunos gente realmente joven), exceptuando al bajista, que en esta gira resultó ser uno de mis preferidos, el “increible-en-directo” Kristoffer Gildenlöw, ex-Pain Of Salvation.

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Presentaban así “Testimony 2“, continuación a su primera entrega donde el músico relata la experiencia que le cambió la vida, el nacimiento de su hija con una enfermedad en el corazón que en principio no la iba a dejar vivir mas de unos días, pero que finalmente de forma “milagrosa” todo quedó en un período muy complicado para la familia de Tenesse.

Debido a este caso, Neal enfoca su música hacia un entorno religioso, hasta un punto realmente profundo. Testimony trata precisamente de eso, de como su vida cambió hacia un campo al cual apenas había prestado atención.

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Sea como fuere, Morse y su “superbanda” nos regalaron casi 3h de concierto, con un break de apenas unos 10 minutos. Nadie se movió hasta el último minuto, porque cada uno de ellos valía su peso en oro, una auténtica maravilla de ver en directo. 8 musicazos en directo que hicieron temblar las paredes de la sala como pocas veces lo habrán sentido.

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(c) Dickon Reed, le robo la foto. Estoy justo al lado del escenario ;)

 

De regalo, porque es realmente un regalo algo así

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