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Al final no me aguanté y el domingo, aunque me levanté a las once de la mañana y me lo tomé con mucha calma (para mí eso es prácticamente imposible, culpa del puñetero Metal Gear Solid 4 -hasta las 3 de la mañana jugando-), me decidí a ir a Brick Lane a dar un rule.
No tenía especial interés en una bici, pero acaba siendo inevitable ver a los “trepas” con las robadas ofreciéndotelas por quizás la 4a parte de su valor real (o menos), y eso abre el apetito.
Pero lo piensas dos veces y es una putada. Es una soberana putada que te roben la bici y que luego saquen pasta. No había ni 3 ni 4, había como 7 tíos en la misma zona vendiendo modelos caros por menos de 150 libras.
Lo bueno de Brick Lane es que hay como 3 o 4 puestos que te las venden de 2a mano (mejor dicho 8ava mano), y son gente que se lo curra. Tienen normalmente bicis viejunas (alguno de los puestos sólo vende cosas nuevas), y no suelen pasar de las 200 libras, con algún buen rollo por menos de 80.
Si os interesa, los puntos “exactos” donde siempre hay tenderetes de bicis son en la “plazuelas” que quedan en medio de Cygnet Street y Sclater St, y la propia Sclater St, a lo largo tiene varias tiendas de complementos. También en esta ahora se ponen los de las robadas. Antes estaban en la propia Brick Lane a 100 metros de este punto, pero están en obras, así que se han movido.
Luego otra que siempre está es la del cruce de Grimsby St con Brick Lane.
Así que fui dando un rule, y no había mucho que ver, porque desgraciadamente llovía (y había menos de lo esperado). Pero en una plazuca paralela a la propia calle, un puesto de unos ingleses más ingleses que la reina (pero de los que tienen muchísimos kilómetros encima) había un par de bicis por 50 libras.
Le pegué un vistazo a una primero, me la dejaron probar, y probé una segunda, más antigua pero un poco más curiosa. Como el tío no me veía muy convencido me largó la historia (me costó entenderle!) de que se ganaba la vida con eso, y tenía a medía familia en el negocio. “Si te quito 5 pounds tio, para tí no es nada y a mí me matas”. Como uno no sabe regatear (ni quiere), accedí.
Así que, ya tengo bici. Hoy por la mañana, ilusionado como un niño con bici nueva, fui a currar en ella, perfecto porque además tengo “parking de bicis” en Royal Mail. Increíble. 15 minutos de puerta a puerta, pero eso no es lo mejor de todo esto.
Lo mejor es el subidón de “conducir” una bici por el medio de Londres. A las 8.30 de la mañana, más vale que tengas los 5 sentidos a pleno rendimiento, sino acabarás debajo de la línea 271. ![]()
Fuera coñas (y para que nadie de los allegados se asusten), es un barullo adorable. Me crucé y me pasaron cientos (no exagero) de ciclistas, los sustos de la gente que cruza sin mirar, y lo más flipante, ir por la izquierda.
Y lo peor, girar a la derecha y hacerlo por el carril de la izquierda.
Se sale
Esta es mi bici. A ver si le saco una foto un poco más decente.

Escribiendo desde Pola de Laviana, Pols pa los amigos, y La Pola pa los que somos de aquí (nada de eso de que “La Pola” tien que ser de Lena o Siero).
Cinco días “off” para ver a toda la gente que más falta hace en mi vida…
Y… er… si… las espichas… me da igual que llueva, que, para variar, llego a ranón y caía agua como nunca. Una de las pasajeras venidas de Londres, con un sol de los de foto en Stansted, dijo “nos hemos equivocado y estamos en Manchester!”…
Me acuerdo de venir de Burgos y pasas el negrón, con la misma sensación que hoy, aunque esta vez la sensación es muy diferente…
Nos vemos estos días, a los habituales al blog!!
Parecia que no llegaría nunca, pero ya está aquí. Si lo dice el todopoderoso Google es que tiene que ser verdad…

Probablemente la época más guapa en asturias. Las espichas son quizás el mejor invento de pasar el tiempo con la gente que te apetece. En ellas se gestan las más terribles fiestas-enfiles-descalabros que se pueda imaginar.
Desde las más ilustres figuras hasta la más sencilla de las personas ha caido al suelo bajo los efectos del líquido en cuestión, no sin antes haber entonado cientos de cantos regionales, de haberse cebado con tortillas “de las de verdad” y huevos cocios, y de sentir la euforia general rodeada de manteles de cuadros, sillas de todas las formas y colores, anuncios de “Kas” y “Mirinda” y fotos del Sporting de la temporada 93-94.
De jurarse a uno mismo “no bebo más” a las 10 de la mañana del día siguiente, pero acabar a la noche dirigiendo los pasos de nuevo a algún garage en el que alguna familia espicha una pipa, que por supuesto debes probar.
De tener que sucumbir ante la regañina mutua del día siguiente con tu persona más cercana “ayer nos pasamos”, y ver como ese sentimiento de culpa mañanero se acaba desvaneciendo a lo largo del día. Porque, realmente… ¿hay un sitio mejor para estar?
El 9 llego. Hacedme un hueco.
Currently playing in iTunes: Word Of Mouth by Jaco Pastorius

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