You are currently browsing the category archive for the ‘reflexiones’ category.

Hoy he tenido noticias muy importantes y a la vez muy esperanzadoras, que se suman al comienzo de una temporada muy dulce para mí, después de algo tan complicado como cambiar tu vida (y la de la gente con la que la compartía) por otra. Es tiempo de recoger parte de lo que uno va construyendo.

De todo el sinsentido que a veces esta ciudad parece posar encima de los hombros de uno, de todas esas horas que parecen “perdidas” en la vorágine de esta máquina sin control llamada Londres, de todo lo que uno deja atrás teniendo a veces la sensación de que camina sin un rumbo muy definido, y de la más sincera soledad (que no de espíritu) …

… es hoy uno de esos días en los que entiendes, por muchas razones, porqué haces esto. Es entender que las ganas y la ilusión por levantarse cada día y emprender un nuevo proyecto, o empujar el que te interesa hasta donde lo quieras llevar, simplemente hace que la vida como tal, cobre sentido.

He pasado por esto antes, y siempre hay gente que te apoya (lo cual es impagable y son causantes en gran parte este reconocimiento reflexivo) y gente que te previene de lo dura que puede ser la caída si pones el listón “muy alto” (a los cuales hace tiempo que no escucho, o bien de los cuales me he intentado alejar).

Es un camino jodido, es difícil (y mucho) buscar el balance emocional y anímico para conseguir lo que uno desea y persigue. Pero llegado el momento, ese camino se convierte en un verdadero ejercicio de autocontrol y, porque no decirlo, sabiduría. Algo que ni está en un libro, ni nadie más que uno mismo puede aprender.

Estoy un poco harto de escuchar/leer comentarios sobre miedos estúpidos (especialmente en esta época de “crisis”) que impiden muchas veces que una persona u colectivo progrese por sí solo. Los que se los quieran creer y practicar, que lo hagan. El resto, si podéis, haced caso omiso y perseguid vuestros sueños. Porque eso es lo único que debería importar.

Hace ya algún tiempo que estoy en un piso compartiendo techo con una pareja, donde la mujer en cuestión es Brasileña. He tenido mucha suerte de nuevo porque son gente realmente agradable, y hace de esta casa precisamente eso, un hogar y no tanto un lugar donde vas a dormir y a hacerte la cena. (Aunque bien es cierto que ese es precisamente el uso que le doy)

Su pareja es un hombre Francés, y ambos llevan bastante tiempo en esta ciudad (unos 10-15 años). Después de haber compartido unos 7 meses mas o menos con ellos, me he dado cuenta de cosas realmente curiosas, ya que es frecuente organizar cenas un viernes noche para los amigos o en fechas señaladas como las pasadas navidades.

Por partes, para entrar en materia este miércoles de reflexión…

La comunidad Brasileña aquí en Londres es realmente extensa (según wikipedia, formada por unas 200.000 personas) y bien organizada. Prueba de ello son algunas páginas como oilondres o leros; éstos últimos además publican una revista impresa que viene a ser una especie de páginas amarillas mezclada con artículos de todo tipo, entrevistas… Esta revista estaba en casa estos días y me he quedad muy sorprendido al ojear algunas de sus páginas.

IMG_0664.jpg
IMG_0666.jpg
IMG_0667.jpg
IMG_0669.jpg

De todo (literalmente, de todo) se puede encontrar en esta revista, sea lo que sea lo que necesites. Peluquerías, abogados, dentistas, fontaneros… que hablan Portugués.

Bien, pues esta revista fue una de las piezas que encajaron toda esta historia que me ha hecho escribir este post. Hace apenas unos días una amiga de mi compañera de piso (Brasileña también) vino a casa a por unas cosas que había dejado. Como no había nadie yo mismo la atendí, pero puedo prometer que no pude cruzar una sola palabra con ella. No podía decir ni siquiera “hola vengo a por mis cosas”.

Se me hizo más extraño aún cuando me enteré que lleva aquí 15 años viviendo.

En navidades, hicimos una cena donde varios de sus amigos Brasileños vinieron a compartir mesa, y estuvimos en las mismas. De nuevo imposible comunicarse con la mayoría de ellos (no así con los más jóvenes), y de nuevo enterarme que llevan más de 10 años en esta ciudad.

Y ya, sin extenderme más, a lo que quiero llegar. Como inmigrante creo que una de las razones por las que buscar suerte en otro país es tentador es por poder adaptarse a una nueva cultura y forma de ver las cosas, con todo lo que eso significa, empezando claro por el idioma.

A veces el éxodo es realmente forzado, como supongo que es el caso de mi compañera de piso y su comunidad, porque probablemente en su día se vieron obligados a escapar de su país para buscar soluciones a sus problemas. En esos casos, supongo que mi punto de vista nada tiene que ver con el suyo, por lo que intentan vivir al modo en el que lo hacían en sus países.

Todo esto me hace pensar y mucho como puede alguien vivir 15 años en una ciudad como Londres y no puede encadenar 4 palabras en inglés. Procuro ver desde el más profundo de los respetos como alguien puede vivir de ese modo, pero sigo sin poder comprenderlo por completo, aunque entiendo el peso del miedo y la inseguridad que hace a una persona abandonar su país para buscar algo tan sencillo como dinero para mantener a su familia.

Es un tema delicado pero… ¿alguna opinión al respecto?

Londres afecta al ritmo diario de una persona de una manera realmente “profunda”.

Me refiero a que, quieras que no, acabas subiéndote al tren que marca la ciudad. Y en comparación con cualquier otro sitio en los que he estado más de un mes, ese ritmo está muy muy por encima.

Ahora empiezas a notar que todo va mucho más deprisa, y sobre todo que el tiempo vuela. Cierto es que la rutina acaba siendo rutina en cualquier sitio, y creo que siendo difícil de evitar, esto hace que no seas consciente de todo lo que va pasando.

Es una extraña sensación. Sencillamente parece que no eres dueño de tu tiempo, y es que quizás sea así. Quizás siempre lo fue, pero creo que tras el mal trago de pasarlo mal (a veces muy mal) con el idioma, de entender los procedimientos ininteligibles, y de salir del paso de cosas de las que ni te acordabas (véase bancos, oficinas de correos, buscar un piso…), uno se acaba haciendo no más avispado o “aguililla”, sino creo que como en mi caso, se va quitando esa sensación de acojone.

Y con esa actitud, empiezas a perderle el respeto a casi todo, y a sentirte mucho más cómodo. Es entonces cuando entras al juego. Y es entonces cuando llegas un viernes y estás completamente destrozado de la semana de curro, de los paseos por unas y otras calles, de las tiendas, de esquivar a la gente en las aceras, de comer “a saltu de mata” y de beber más cerveza de la que deberías.

Pero los fines de semana “hay que socializar”. Hay que conocer a gente, salir, hacer cosas, porque no estás en Londres para quedarte en casa. En parte es cierto pero por otra parte la semana pasa mucha factura. Ni que hablar acerca de los mood swings, donde un lunes te sientes realmente afortunado por vivir toda esta experiencia, y al día siguiente te deprime de tal modo que te preguntas que haces aquí. (Y no, no tomo drogas, un simple funky sneaker me tumba :) )

Creo que viviendo en plena ciudad no puedes evitar que te arrastre. Y salir de todo esto a veces apetece, pero temo sinceramente a la hiperactividad (de ahí el título de la entrada) que a seguro se tiene que desarrollar.

Ya contaré el día que lo deje…

Currently playing in iTunes: Guitarras de Sevilla parte 1

Flickr Photos

Kitesurfing

There's a tree in the sand

The Wall

More Photos

felix latest tweets

 

mayo 2012
L M X J V S D
« oct    
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.