Bienvenidos a Cambridge

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Como no sólo de Londres vive el ser humano, ni tampoco es tiempo de bajarse al sur a descubrir las playas inglesas como en el verano, la semana pasada escapamos a Cambridge, famosísima ciudad del norte de Londres (aproximadamente a 80-90kms).

Con trenes cada media hora desde Liverpool St Station y King’s Cross (donde Harry Potter :)), un viajecito de hora y poco nos deja en pleno corazón de la ciudad universitaria por defecto.

Y se nota. Al lado de la estación apenas caminando 100 metros, empezamos a ver bicis por todos los lados. Un parking con miles de ellas (¿cómo te las arreglas para encontrar la tuya?) síntoma de que es uno de los principales medios de transporte.

Y se respira un ambiente completamente diferente a Londres. Al final las ciudades puedes ser mas o menos interesantes, pero lo que marca la diferencia es la gente que deambula por las calles, que ocupa los pisos, casas, mercados, pubs, restaurantes, oficinas, universidades, y que en definitiva son el motor de cualquiera de ellas.

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Cambridge resulta agradable de conocer. Tiene el encanto de cualquier ciudad británica (del sur, las que conozco), casas pequeñas, edificaciones de no más de 3 pisos, un casco viejo muy interesante; pero además tiene demasiada (en el buen sentido de la palabra) gente joven, que no está tan preocupada por los alerones de sus coches o no necesitan irse de botellón a las 3 de la tarde un sábado. Es lo que tiene, supongo, formar parte de una comunidad de 22.000 estudiantes en una ciudad de 110.000 personas.

Mucha gente española recuerda Salamanca cuando oye Cambridge, aunque no puedo opinar porque nunca estuve.

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Plagada de Colleges, residencias de lujo para los futuros profesionales, podemos visitar y disfrutar de esa extraña mezcla de “antiguo-moderno” que tan bien se les da por estas tierras, y de los clásicos parques (situados en el puro centro de la ciudad) donde sentarse a leer, a tomar unas birras con los amigos o a la práctica del deporte rey es una obligación (y un lujo) las tardes de sol.

No podía faltar tampoco un “conglomerado” de canales, que lo hacen especialmente atractivo a ojos de los turistas. Podemos darnos un paseo en góndola, bien “dirigido” por una de las personas de la empresa de renting, o para los más atrevidos nos dan el palo de marras y a darle al brazo.

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En el casco antiguo nos encontramos con un mercadillo (para variar), donde me propiné otra de esas “salchichas-criollo” con cebolla que son una guarrada pero están que se salen. A los nativos les mola mucho este tema, vayas donde vayas siempre vas a encontrar a un puntu con ellas en una parrilla, cebolla y pan, a precios populares (1,50). También teníamos lo típico, puestos de bisutería, vinilos (que no falten), y ropa.

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Caminando hacia los adentros, nos encontramos con una zona realmente curiosa, Mill Road. Es lo que podemos llamar la zona más “alternativa” en cuanto a estilo de vida. Todas las tiendas son casi centenarias, desde las carnicerías a floristerías, pasando por lavanderías, textiles o supermercados. Todo son negocios pequeños, local tras local, y se enorgullecen en cierta manera de ello. Tanto es así que hace un tiempo Tesco (el gigante de supermercados) quiso abrir un local y los vecinos del área se las arreglaron para que no pudiesen llevar a cabo la tarea. Aún hoy podemos ver el local tapiado con mogollón de carteles anti-tesco y referencias al website donde explican todas sus razones…

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Podéis pegar un vistazo a la página del área, que tiene una galería muy interesante, historia y demás.

Acabamos el día tomando unas birruelas en el parque, porque aun siendo Octubre, mediados, hacía un sol estupendo para tirarse encima de la hierba.

En resumen creo que es una ciudad en la que estaría muy bien vivir una temporada, si se quiere explorar un poco de terreno inglés. Tiene una buena mezcla de “tranquilidad” y “movida” si uno se cansa un poco de núcleos más populados. La verdad, es que siempre sería una buena opción como segundo destino, tras haber pasado por la gran y loca Londres.

También es cierto que sólo estuve un día y parece que recomendarlo a la ligera es un poco ridículo… pero al menos, para mí, lo de las sensaciones al 1er contacto siempre me ha funcionado muy bien…

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